Admitámoslo —aprovechando que sigo con este catálogo de juegos populares—, los puzles molan y pueden llegar a convertirse en una droga debido a ese diálogo interior que generan. Seguro que alguna vez os habéis enfrentado al típico paisaje ideal puzlerizado de 500 piezas o más; habéis dedicado tantas horas a la reconstrucción de esa torrente de piezas de miles de colores, predominando el azul cielo que reina sobre cualquier paraje puzlerizable que, incluso, una vez acabado, acabáis pensando que merece un lugar central enmarcado en vuestro salón, aunque os saltéis a la torera vuestros propios principios estéticos y se anule vuestro instinto antihorteradas.

Los puzles nos convierten en héroes porque desafían a nuestro intelecto y porque promueven ciertas capacidades relacionadas con el logro de objetivos, así como nuestras habilidades organizativas (creamos un método). Huelga decir, aunque lo diré, que hacer puzles es una actividad perfecta para trabajar con nuestros familiares enfermos. ¿Por qué? Ahora os lo cuento.

En fases anteriores de la enfermedad de mi madre, solíamos hacer muchos puzles. No llegábamos a las 500 piezas, pero hubo un momento que manejábamos las 20-30. Si sabéis de lo que estoy hablando, reconoceréis que es todo un logro.  Quizás si vuestro familiar se encuentra en un estadio poco avanzado, sea el momento de trabajar puzles de mayor tamaño e ir disminuyendo progresivamente el nivel de dificultad.

OBJETIVOS
  • Promover la atención y la concentración.
  • Facilitar la coordinación óculo-manual.
  • Ejercitar la motricidad fina.
  • Propiciar la visión espacial.
  • Mantener el pensamiento lógico y enunciar relaciones lógicas: «La cabeza  de Peppa Pig tiene que ir aquí arriba porque la pata está abajo»).
  • Favorecer la creatividad: «Esta ficha podría ir aquí, vamos a probar».
  • Mantener la orientación espacial jugando con las dimensiones.
  • Propiciar la autoestima: ese cuadro de puzle del amor hermoso 😉
materiales
  • Puzles variados. Podéis encontrar puzles everywhere: jugueterías, tiendas de chinos, etc. Si creéis que necesitáis un puzle sencillo, no os será muy difícil encontrar aquellos en los que solo hay que encajar figuras, con muy poquitas piezas, los típicos de madera con pequeñas asas para cada pieza, o rompecabezas. Recordad, el tamaño sí que importa a medida que avanza el retroceso cognitivo.

 

 

  •   Lápiz, papel, pinturas y tijeras.
desarrollo

Hay cierto tipo de actividades que no necesitan demasiada información para llevarlas a cabo. Un puzle se hace haciéndolo. Si bien es cierto, conviene que nos fijemos un poco en el método de la persona o ayudarla a que se cree uno propio como, por ejemplo, preguntarle dónde y por qué cree que unas piezas con una determinada forma deben ir emplazadas las esquinas.

En principio, vuestra función es guiar, elegir piezas y animar a que busque su emplazamiento y, si es posible, verbalizar por qué esta u otra ficha van o no en tal sitio («porque es muy grande», «porque los relieves coinciden», «por el dibujo»…).

recomendaciones
  • Poquito a poquito.
  • Recalcad el contenido del dibujo. Podéis hablar de la temática, la acción, los personajes…
  • También podéis fabricaros vuestros propios puzles. Nosotras solíamos hacerlo. Es muy fácil, tan solo hay que elegir un dibujo que hayáis coloreado previamente (lo más significativo posible) y recortarlo dándoles formas a las piezas o no. 
  • No es una mala idea puzlear con niños. Eso sí, no descuidéis el trabajo individual.