¿Cómo definir tu vida cuando todos tus recuerdos ya son vintage? Pues nada, muchachos, terapia vintage. Os lo cuento: yo crecí en los ochenta. ¿Qué significa esto? Lo que todos estáis pensando ahora mismo, eso mismo: el día más feliz de mi niñez fue el día de mi primera comunión porque me regalaron el mejor regalo del mundo de los ochenta después de la bicicleta: el Casio PT-87. Para todos aquellos que desconozcáis el significado de este término o que pertenezcáis a otra época como la era Pokémon, me veo en la obligación de explicaros que el Casio PT-87 era un teclado muy molón para aprender a tocar canciones típicas europeas con nombres en alemán. Especifico: cuatro canciones porque era imposible conseguir otro cartucho con más canciones, no existía Internet y nos conformábamos con menos. El método de aprendizaje musical era muy sencillo: había que presionar la tecla situada inmediatamente debajo de la lucecita (roja, si la tecla era blanca; verde, si la tecla era negra) y seguir el ritmo. Perdonadme si no soy precisa, musicalmente hablando. De esta forma, tras años de práctica, aprendí cuatro cancioncillas e incluso me lancé a componer mis propias melodías indescriptibles porque la inspiración nace de la repetición. Es verdad, aquel Casio PT-87 me dio mucha vidilla y amenicé las sobremesas de mi familia y vecinos a golpe de tecla.

La versatilidad del Casio PT-87 no terminó cuando ya por fin lo dejé por ahí tirado en algún rincón de la casa. Hace unos meses, en una tarde de esas de no sé qué hacer con mi madre, la inspiración nació en forma de terapia y se me ocurrió sacar el Casio ochentero de ese mismo rincón donde lo dejé tirado hace ya varias décadas. Y los resultados, no siendo sorprendentes fueron divertidos al menos. El rostro de mi madre al ver que si daba a una tecla hacía un sonido o aparecían las lucecitas de colorines con sus ruiditos fue todo un poema. En serio, me reí mucho viendo su cara porque, mirad en este caso si es afortunadamente, mi madre no recordaba la tabarra que pude dar con el dichoso Casio.

Conclusión: el uso de instrumentos musicales “de andar por casa” es beneficioso, en primer lugar, porque es divertido; y, en segundo lugar, porque se pueden trabajar diversos objetivos. Seguro que no hace falta ser vintage para encontrar un teclado de este estilo por casa, en alguna tienda de segunda mano o en el trastero de cualquier vivienda con niños que se precie. También podéis ir a la caza de xilófonos (por cierto, tengo que hacerme con uno) o pianitos infantiles que son el instrumento más clásico con el que poder trabajar. Y volviendo al siglo XXI, hay miles de aplicaciones musicales para tablets y móviles. Así que no hay excusa para negarse a la creación musical.

Objetivos
  • Diversión.
  • Potenciar la psicomotricidad.
  • Agudizar la discriminación de colores y asignar a cada color un sonido (esto es para terapeuteados advanced).
  • Desarrollar capacidades musicales.
  • Fomentar la respuesta a estímulos sensoriales.
RECURSOS

Un Casio PT-87 o cualquier otra variante de características similares.

DESARROLLO

Siendo sincera, el Casio PT-87 no resulta una gran herramienta que ofrezca una infinidad de recursos para personas afectadas con enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, pasando por el método de aprendizaje musical guiado de las lucecitas, para aquellos que puedan seguirlo, podemos considerar un éxito que la persona presione tan solo una tecla siguiendo la lucecita. Otra opción es el estilo libre, cómo no. Por destacar algo curioso, me encanta ver cómo mi madre toca una escala musical, presionando curiosa desde el principio hasta el final, una por una, cada tecla. También es divertido observar la gracia que le hace presionar la tecla roja (tecla de valoración que, de una manera visual, sonora y musical te dice si lo has hecho fatal, mal, regular, bien o excelente); o que explore los diferentes instrumentos musicales disponibles en mi Casio.

Recomendaciones

Os voy a explicar cómo introduzco la actividad: planto el Casio encima de la mesa y le pido que lo toque. Si no lo entiende o no le apetece, me pongo a tocar yo para recordar la Polska que tantos buenos momentos me dio en mi infancia. Al menos, me lo paso bien… Y si es el día en que a ella no le apetece tocar nada de nada, me reconforta ver esa cara tan típica de madre, sí, todos sabéis a qué cara me refiero, la de qué pesadita la niña, voy a esconder el cacharro este en cuanto se descuide.