Lo acepto, vale, no voy a recibir un premio por la originalidad de esta actividad. Es más, podríais pensar que qué morro esto de plantaros una actividad tan poco novedosa. No levantéis el dedo acusador tan pronto, por favor, permitidme una explicación antes: buscar palabras escondidas en letras era una de mis actividades preferidas en mi infancia y juventud. Os cuento por qué.

Una de las escasas aficiones que tenía mi madre, sin que pudiera ser considerada “útil” como tal (ya sabéis, madres de otra época) era hacer sopas de letras. Cuando no sabía en qué pasar el tiempo, lo que no ocurría frecuentemente, le dábamos a las sopitas… Primero, por separado; después de un rato, juntas. Y yo lo disfrutaba mucho, de verdad, quizás porque era difícil encontrar esos momentos en los que poder hacer algo juntas, así sin transcendencia vital alguna. Es esta la razón por la que, para mí, las sopas de letras tienen un valor sentimental; me recuerdan a mi infancia y a un tiempo en el que mi madre era mi madre. Es más, las he dejado desde que no puedo hacerlas con ella.

Como en todo, todos tenemos nuestro “librillo técnico”. Cuando te enfrentas a una sopa de letras decides tu estrategia -espero que no penséis que soy una friki si os cuento cómo lo hago yo. Primero viene el sondeo de palabras (a ver cuántas encuentro sin buscar); después comienzo por la lista, me meto en faena con cada palabra, distinguiendo sus peculiaridades -ya sean sílabas, letras no habituales (‘ñ’, ‘x’…), letras significativas, agrupaciones de sílabas semejantes, etc.-, leyendo las letras del recuadro por filas verticales u horizontales (según me dé). Bien, pues esta mi técnica de friki no es otra cosa que un método diseñado por mi cerebro para realizar la tarea. No quiero que penséis que me considero un genio de este mundillo, lo que pretendo es ejemplificar cómo funciona la memoria operativa y cómo desarrollamos estrategias para desempeñar una tarea, en este caso intelectual.

Mi madre tenía su propia técnica, claro está. A medida que se fue haciendo mayor, cuando terminaba el día se ponía a hacer sopas de letras ella sola por lo que, cuando empezó a desarrollarse la enfermedad, no fue difícil seguir con esta actividad. De hecho, recuerdo con cariño esos primeros momentos en los que nos poníamos con las sopas y yo me ilusionaba mucho viendo lo bien que las hacía. Pensaba ingenuamente: “Igual los médicos se han equivocado, igual la enfermedad no avanza”. Gradualmente, perdió la práctica a la hora de encontrar palabras (las que se escondían diagonalmente se perdían ya para siempre) y fue necesario buscar sopas de menor dificultad, con letras de mayor tamaño y reducir el cuadro de búsqueda. Hasta que llegó el momento en que las palabras desaparecieron definitivamente.

Por último, me gustaría señalar que hay una cosa que me encanta de las sopas de letras. Puede que sea lo más inútil de la actividad -terapéuticamente hablando-, pero no quisiera acabar esta introducción sin destacar la tremenda labor de los diseñadores de sopas de letras, empezando por su creador, Pedro Ocón de Oro, también fundador del jeroglífico como pasatiempo. ¿Os habéis fijado en la cantidad de palabras raras que no parecen existir en la vida real pero que existen en el mundo sopigráfico? Palabras como ‘holguinero’, ‘rostizado’ o ‘burdégano’ no son más que una pequeña muestra de la riqueza léxica de nuestra lengua o del idioma inventado para las sopas de letras. También deseo reconocer el mérito de las sopas de letras en la creación en nuestro cerebro de ese banco de excelso vocabulario sobre temas de candente actualidad como el Apocalipsis.

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Hecha esta aclaración, vayamos al meollo de las sopas:

objetivos
  • Discriminar letras y sílabas y su relación en la formación de palabras.
  • Recordar palabras (las de la vida real).
  • Mantener la capacidad lectora.
  • Propiciar la motricidad fina.
  • Potenciar la agudeza visual.
  • Conservar los significados de las palabras.
  • Desarrollar capacidades estratégicas.
  • Pasar el tiempo 😉
recursos materiales
  • Lápiz, goma, boli…
  • Libro de sopas de letras: diréis que soy muy tradicional, pero me gustan, llamémoslo nostalgia. Podéis encontrar miles de páginas con millones de sopas de letras en Internet. Por supuesto, también hay aplicaciones, claro, hay una aplicación para casi todo en este mundo. Particularmente, prefiero los libros de pasatiempos de toda la vida porque, aparte de mi gusto por el papel, opino que en una aplicación solo hay que pasar el dedo, por lo que no se potencia la motricidad fina de la misma manera que cuando se coge un boli, se sostiene y se utiliza para para rodear o tachar una palabra. Además, los libros tienen la ventaja de crear una asociación de ideas, es decir, cuando la persona lo vea, lo relacionará con la actividad e incluso se puede fomentar su iniciativa para hacerlo por sí misma sin que nadie se lo pida (siempre y cuando no haya perdido esa facultad).

 

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desarrollo

Bien, llegados a este punto del ensayo Teoría y práctica de la sopa de letra, no voy a enrollarme con tonterías, todo el mundo sabe hacer una sopa de letras. No obstante, sí que hablaré de algunos aspectos en los que se puede incidir cuando se realizan sopas de letras con enfermos de alzhéimer o demencia. Se pueden trabajar:

  • Las letras: “¿Por qué letra empieza la palabra ‘decimonónico’?”, “¿Qué letra es esta?”…
  • Los conceptos: “¿Qué significa ‘habitar’?”, “¿Qué otras palabras se te ocurren?”, “¿Qué hace un ‘bombero’?”, “¿Cuántas cosas hay en una ‘docena’?”, “¿De qué color es la ‘hierba’?”, y así sucesivamente.
  • El espacio: vertical, horizontal y el enrevesado diagonal.
  • La dirección: d’alante p’atrás, de atrás para adelante.
  • Jerarquización de tareas: leer palabras de un listado, elegir una, buscar en el recuadro, rodear palabra, tachar palabra de la lista.
  • Asociación de imágenes con palabras e ideas, fáciles se entiende. No os pongáis a buscar imágenes de ‘exabrupto’ porque no va a funcionar.
  • Práctica trazando líneas, rodeando palabras
RECOMENDACIONES
  • Lo típico: hay que graduar el nivel de dificultad de mayor a menor en función de las capacidades intelectuales de la persona. Observar los ritmos y el grado de diversión. Si no mola, no mola.
  • Es interesante preguntar a la persona cómo busca las palabras. De esta forma, se verbalizan los procesos.
  • Aprovisionaos de imágenes, Mr Google a vuestro servicio.
  • Encontraréis sopas de sílabas, de números… Cuando azota el otoño, todo vale.
  • Ser un apoyo logístico en el proceso sopero (“¿Te ayudo a buscar ‘esternocleidomastoideo’?”) puede ser divertido y refuerza vínculos, no lo olvidéis.