Quizás habéis escuchado alguna vez eso de que “los músculos recuerdan”. Voy a tirarme a la piscina desde la bañera de mi limitado conocimiento en neurología. Me apetecía hablar de la memoria muscular, así que he intentado documentarme para poder introduciros un poco el tema. Solo pretendo hablar de manera bastante rudimentaria acerca de ella. Por favor, expertos en la materia, sed comprensivos y si podéis aportar una explicación científica o algún dato que arroje luz sobre la cuestión, estáis invitados a hacerlo, cómo no.

Para escribir esto, he intentado buscar artículos que, de manera divulgativa, pudieran definir en qué consiste el concepto. Tecleando “memoria muscular” en Google, solo me salían artículos relacionados con el fitness, probablemente muy ilustrativos pero me daban pereza. Así que he optado por hacerlo en inglés y he encontrado textos más clarificadores. Un poquito de aquí y un poquito de allá, más un poquito de Wikipedia y voilà!, Aquí lo tenéis recién salido del horno del copia, pega y colorea. Insisto, si detectáis algún error de contenido, por favor, hacédmelo saber.

Lo que comúnmente conocemos como memoria muscular hace referencia a la adquisición de las capacidades motoras coordinadas automáticas, no es que signifique que los músculos recuerden cosas. Los recuerdos, como tales, se almacenan en el cerebro.

En el aprendizaje y ejecución de las capacidades motoras finas están involucradas varias partes del sistema nervioso. Mientras los movimientos reflejos se llevan a cabo desde la médula espinal, las acciones motoras coordinadas que han sido aprendidas y se ejecutan de manera automática se representan en el cerebro.

El modo en que esto ocurre continúa siendo un misterio objeto de investigación. Lo que sí que se sabe es que los ganglios basales juegan un importante papel en el control postural y en el movimiento voluntario, así como en el aprendizaje de habilidades motoras y de acciones habituales, aunque todas las capacidades motoras complejas, en especial las acciones voluntarias dirigidas a cumplir un objetivo, movilizan intensamente importantes áreas del córtex motor (situado en la corteza cerebral). El cerebelo, por otra parte, es crucial para la coordinación motora fina (hacer cositas con las manos) aprendida.

La coordinación motora depende sobremanera de la retroalimentación por parte de la propiocepción, que según la Wikipedia:

“Es el sentido que informa al organismo de la posición de los músculos, es la capacidad de sentir la posición relativa de partes corporales contiguas. La propiocepción regula la dirección y rango de movimiento, permite reacciones y respuestas automáticas, interviene en el desarrollo del esquema corporal y en la relación de éste con el espacio, sustentando la acción motora planificada. Otras funciones en las que actúa con más autonomía son el control del equilibrio, la coordinación de ambos lados del cuerpo, el mantenimiento del nivel de alerta del sistema nervioso y la influencia en el desarrollo emocional y del comportamiento”.

Vamos, algo así como una aplicación que ofrece información a nuestro Android de la posición y del estado de las partes que intervienen en cada movimiento.

Los receptores sensoriales informan al cerebro y a la médula espinal sobre las articulaciones y músculos. A menudo, estos actos reflejos se quedan bajo la responsabilidad de la médula espinal, es decir, responden sin necesidad de un aprendizaje previo. Sin embargo, los circuitos medulares pueden ser modulados de manera descendente desde el cerebro, lo que les permitiría ser programados dinámicamente durante la ejecución de patrones motores complejos, lo que viene a ser la práctica de determinados movimientos. Esto se interpretaría como la incorporación de actos reflejos a movimientos que forman parte de acciones más complejas aprendidas.

memoria muscular

(V1 = córtex visual; S1 = córtex somatosensorial (tacto); M1 = córtex motor; PF = córtex prefrontal (planes y acciones con un fin); BG = ganglios basales (acciones automáticas); C = cerebelo (coordinación fina); VN = nucleo vestibular (equilibrio). De: Scott SH, 2004, Nature Reviews Neuroscience).

Los músculos “recuerdan”, pues, cómo realizar movimientos simples que forman parte de acciones motoras más complejas. Así andar mismamente se compone de un conjunto de movimientos musculares (poner un pie delante del otro una y otra vez) que se repitieron con mayor o menor tino hasta que se interiorizaron de tal manera que no es necesario pensar en andar cuando se anda. La misma dinámica para otro tipo de actividades de motricidad fina como escribir, pintar… Incluso actividades más complejas pueden realizarse de manera automática sin que sea necesario pensar en cómo hacerlas. Por ejemplo: un pianista no tiene que pensar en cómo mover sus dedos para tocar (de la misma manera en que las manos de Gustavo o las mías “recuerdan” la posición de las teclas al escribir); cuando conducimos, nuestro cuerpo ya sabe qué movimientos debe realizar para mover el volante, cambiar las marchas, frenar… La práctica ha ejercitado esa “memoria de los músculos”.

Y, por último, os dejo este vídeo que seguro que os emocionará y también os dará algunas pistas sobre cómo prepararse para padecer alzhéimer u otras demencias. La clave, de nuevo, la encontraréis en la memoria muscular.

 

FUENTES

https://thetartan.org/2010/8/30/scitech/musclememory

https://www.quora.com/How-does-muscle-memory-work-1 (esta entrada es un traducción de este artículo).

http://www.geoffshackelford.com/homepage/2011/9/29/muscle-memory-for-golf-isnt-lost-in-alzheimers-patients.html