Que la música alegra los corazones no es un secreto y que incluso puede ser terapéutica tampoco. No es por menos que la musicoterapia se haya ido integrando en los últimos años en los ámbitos de la educación, la animación sociocultural y en el terreno asistencial.

Según un estudio de 2009 de Petr Janata de la Universidad California-Davis acerca de la relación entre la música, las emociones y la memoria, existe una gran área en el córtex prefrontal medial que se activa cuando escuchamos música conocida y evocamos recuerdos autobiográficos. Esta tesis avalaba la incorporación de la música a los tratamientos dirigidos a personas con enfermedades de tipo neurológico.

El prestigioso neurólogo Oliver Sacks –autor del recomendable El hombre que confundió a su mujer con un zapato – mantiene la idea de que la música que ha sido significativa para una persona que está perdiendo sus recuerdos puede favorecer que recupere, aunque sea por un instante, su identidad. Os dejo este vídeo, ya siento que no tenga subtítulos. En Youtube, encontraréis una entrevista completa en castellano de 2005. Os la pondría pero es que se la hizo Punset y me ataca los nervios ese hombre así que me ha resultado imposible verla. Si estáis interesados en ella, la encontraréis enseguida, no os preocupéis.

La película Alive Inside (2014) pretende mostrar los beneficios de la música en enfermos de demencia y alzhéimer presentando un programa terapéutico desarrollado en residencias de tercera edad de Estados Unidos que se llama Music & Memory. Básicamente, consiste en acercar la música a personas con este tipo de enfermedades. La película se llevó el Premio del Público ese mismo año en el Festival de Sundance.

Llegados a este punto, os voy a advertir que soy una chunga como crítica de cine. Lo digo para que no os sorprenda si parece que no me gustó. De hecho, no se trata de gustar o no gustar, sino de hablar de los excelentes resultados de incorporar la música a la terapia. Me recomendaron verla hace algún tiempo. La verdad es que soy bastante reacia a ver películas en las que se habla de enfermedades en general y neurodegenerativas, en particular. Opino que la realidad siempre supera con creces a la ficción y que es muy fácil caer en sentimentalismos baratos e irrespetuosos. Además, el potencial lacrimógeno de este género, qué decir, me echa para atrás. En el caso de la temática de la demencia, evitaba ya estas películas antes incluso de que mi madre estuviera enferma, quizás porque tenía ya la vivencia de la enfermedad de mi abuela y, en general, todas las películas que he visto sobre este tema me han parecido una mamarrachada (sí, El diario de Noah más, por cierto, que los protagonistas sean guapos y el tema final sea el amor imperecedero no quiere decir que la película no sea malísima; y El hijo de la novia, un poco más decorosa pero muy superficial también y un pastelón). Además, hay que añadir la circunstancia personal, me resulta muy dramático, me tocan mucho la fibra y llorando tanto a diario con la realidad no me apetece demasiado llorar con la ficción o la realidad ajena. Supongo que es normal y que le pasa a todo el mundo cuando ve una película que aborda un tema que le resulta cercano y dramático.

Alive Inside es un documental que presenta el programa Music & Memory. Aparte de la evidente finalidad promocional del filme (este programa se ofrece a residencias de ancianos como un servicio terapéutico), lo cierto es que se trata de un testimonio visual sobre los efectos de la música en enfermos de alzhéimer y demencia. Resulta increíble ver cómo se emocionan los enfermos cuando escuchan canciones que fueron significativas para ellos y reconozco que yo también me emocioné viéndolo. Eso sí, creo que está un poco filtrado para resaltar los efectos positivos. Dudo de que funcione con todo el mundo igual. De hecho, he visto por ahí algún vídeo de Oliver Sacks diciendo que no puede saber por qué a cada persona la música le afecta de una manera. Supongo que también tiene que ver la importancia de la música en la biografía de una persona, no sé. En mi caso, es muy importante, por lo que espero que me traigan el iPod con miles de canciones a mí también, por favor, absténgase de traerme una playlist con reggae o pop alternativo, por favor.

Después de verlo, me sentí ilusionada. Así que lo probé con mi madre. Mi madre no era una gran melómana que digamos. Sin embargo, era una fan absoluta de Manolo Escobar. Por lo que con el Porompompero en la mano, me planté una tarde dispuesta a activar esa parte de su cerebro. Fue fascinante, en cuanto le di al play, sonrió como hacía años. Incluso cantó un poco y empezó a hablar de la biografía del difunto Manolo, no con mucho detalle, pero sí que fue sorprendente porque ya no sabía siquiera quién era yo. Desgraciadamente, las siguientes ocasiones en las que lo he intentado, no ha funcionado, todavía no entiendo por qué. No obstante, no voy a dejar de seguir intentándolo y recomendándolo. Aquella sonrisa valió la pena.